Frente a la costa de Cesantes, en la ensenada de San Simón, este pequeño enclave de la ría de Vigo conserva una historia que merece conocerse antes de visitarlo. Sus jardines, sus edificios y el puente que une San Simón con Santo Antón fueron escenario del cautiverio de miles de personas durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista.
Entre octubre de 1936 y marzo de 1943, San Simón funcionó como prisión de presos políticos. El aislamiento, el hambre y las enfermedades marcaron la vida de quienes estuvieron recluidos allí. Hoy, conocer esta etapa permite comprender el valor de la isla como espacio de memoria y el vínculo que mantiene con las familias de las víctimas.
Antes de la prisión: el lazareto de San Simón
Contenido
- Antes de la prisión: el lazareto de San Simón
- Cómo se convirtió San Simón en una cárcel
- San Simón y Santo Antón: dos islas dentro del mismo penal
- Quiénes estuvieron presos en San Simón
- Cómo era la vida en la prisión de San Simón
- Las madrinas de San Simón: la solidaridad desde tierra
- Las cartas y los testimonios que conservan su memoria
- Visitar San Simón como lugar de memoria
La isla ya tenía una larga historia cuando se convirtió en penal. Había sido refugio religioso y, en el siglo XIX, pasó a desempeñar una función sanitaria.
El lazareto marítimo de San Simón se inauguró el 1 de junio de 1838. Estas instalaciones servían para establecer cuarentenas y evitar la propagación de enfermedades infecciosas relacionadas con el tráfico marítimo. Su creación permitió complementar el lazareto de Mahón, situado en el Mediterráneo.
Los edificios de aquel recinto sanitario serían aprovechados posteriormente para encerrar a presos. El mar, que había facilitado el aislamiento de viajeros y enfermos, se convirtió también en una barrera para quienes perdieron allí su libertad.
Cómo se convirtió San Simón en una cárcel
Tras el golpe militar de julio de 1936, la represión llenó las prisiones gallegas. Las autoridades sublevadas habilitaron nuevos espacios de reclusión para dar cabida al creciente número de detenidos.
En octubre de ese año, San Simón comenzó a funcionar como colonia penitenciaria. Fueron encarceladas personas de distinta procedencia y condición, perseguidas por su vinculación con la República o por ser consideradas contrarias al nuevo poder.
El recinto estaba vigilado por fuerzas militares y atendido por funcionarios de prisiones. La vigilancia, el aislamiento marítimo y el miedo dificultaban las fugas. La cercanía de la costa no hacía que la libertad estuviera al alcance de los presos.
San Simón y Santo Antón: dos islas dentro del mismo penal
Para entender cómo funcionaba la prisión hay que mirar las dos islas unidas por el puente.
En San Simón, la mayor, se encontraban los pabellones de reclusión y dependencias como la cocina, la enfermería y la administración. Santo Antón albergaba el destacamento militar y el cementerio.
El puente que hoy forma parte de una de las imágenes más reconocibles del conjunto conectaba, por tanto, espacios con funciones distintas dentro del penal.
Quiénes estuvieron presos en San Simón
Al principio llegaron detenidos de localidades próximas y de otras zonas de Galicia. Tras la caída del frente norte republicano, se incorporaron prisioneros procedentes de Asturias, León, Cantabria y el País Vasco. Después, el penal recibió presos trasladados desde distintos lugares de España.
Las fuentes ofrecen cifras diferentes sobre el total de personas recluidas: la resolución estatal de reconocimiento como lugar de memoria recoge más de 5.600 presos, mientras que otras instituciones sitúan el cálculo alrededor de los 6.000. Son cifras acumuladas durante su funcionamiento, no personas encerradas simultáneamente.
Cada traslado añadía otra dificultad al cautiverio: la distancia respecto a la familia. Para quienes procedían de otras regiones, recibir ayuda o mantener el contacto con sus allegados resultaba especialmente complicado.
El Upo Mendi: una prisión flotante junto a la isla
El hacinamiento también se extendió al agua. Frente a San Simón estuvo fondeado el Upo Mendi, un vapor utilizado para retener prisioneros.
El portal de Memoria Democrática de Redondela señala que llegó a albergar alrededor de 700 presos. Su presencia ayuda a entender la dimensión que alcanzó el sistema de reclusión en este pequeño espacio de la ría.
Cómo era la vida en la prisión de San Simón
La falta de espacio, la alimentación insuficiente y las deficientes condiciones sanitarias hicieron del penal un lugar de sufrimiento. Los presos se distribuían en pabellones que no ofrecían condiciones adecuadas de habitabilidad para aquella población.
Las enfermedades y el deterioro físico podían tener consecuencias mortales. La documentación sobre la colonia penitenciaria sitúa estas condiciones entre las claves para comprender la dureza del cautiverio.
La etapa final fue especialmente grave por la llegada de numerosos presos de edad avanzada. La resolución publicada en el BOE contabiliza más de 517 fallecimientos, además de las muertes por fusilamientos y por los llamados «paseos», asesinatos extrajudiciales. El penal quedó clausurado el 15 de marzo de 1943.
Las madrinas de San Simón: la solidaridad desde tierra
La historia de la prisión también incluye a quienes intentaron aliviar el sufrimiento de los reclusos.
Las madriñas de San Simón, conocidas también como lavanderas, fueron mujeres que ayudaron a los presos enviándoles alimentos y medicinas, lavando su ropa, proporcionándoles prendas y facilitando el contacto con sus familias.
Su labor cubría necesidades básicas y permitía mantener un vínculo con el exterior. Recordarlas forma parte de la memoria del penal: junto a la represión existió una respuesta solidaria de mujeres que dedicaron tiempo y recursos a ayudar.
El Concello de Redondela las homenajeó en 2021, continuando el reconocimiento público iniciado por la asociación Xanela en 1995.
Las cartas y los testimonios que conservan su memoria
Una parte de lo ocurrido en San Simón ha podido reconstruirse gracias a documentos oficiales, fotografías y testimonios conservados por los presos y sus familias.
Las cartas, memorias, poemas y dibujos permiten acercarse a la experiencia del cautiverio desde la mirada de sus protagonistas. Entre los autores de testimonios figuran Diego San José, Evaristo Mosquera y Manuel Barros.
La recuperación sigue teniendo límites: parte de la documentación se perdió, se deterioró o fue destruida. Por eso, el trabajo de investigación y la conservación de los archivos familiares resultan esenciales para conocer esta historia.
Visitar San Simón como lugar de memoria
San Simón es actualmente un espacio de valor patrimonial y cultural. Su declaración como Bien de Interés Cultural en 1999 reconoció la importancia del conjunto, cuya historia abarca mucho más que su etapa penitenciaria.
En agosto de 2026, San Simón y Santo Antón fueron declaradas Lugar de Memoria Democrática, un reconocimiento que refuerza la preservación y difusión de lo sucedido y el recuerdo de las víctimas.
Si visitas la isla, dedica tiempo a conocer esta parte de su pasado. Una explicación histórica permite mirar los pabellones, el puente y la


